lunes, noviembre 19, 2007

La Puerta

Por el aire se paseaba un certero aviso de que la puerta se cerraría en cualquier momento. Ella no podía evitar sentirse sofocada, unas pequeñas gotas de sudor caminaban por su frente y le producían un cosquilleo desesperante. Su mano sangraba un poco, lo suficiente para hacerse sentir. Si se movía la puerta se cerraría infaliblemente, si se quedaba quieta era esperar la muerte, algo que de una u otra forma sucedería, pero una leve esperanza, una ínfima gotita de fe yacía en la puerta, que no era más que un símbolo de su vida misma, todo se resumía a ese instante, con la certeza de morir, y aun así avanzar, levantarse y jugarse por unos momentos más de aire en los pulmones, un momento más de luz, de sabor, de olor, de calor, de vida, aferrándose inútilmente a algo que jamás sería de ella. Nada le pertenecía, y con el fin de su existencia se acabaría el mundo entero que conocía, nada le pertenecía, nada fue, nada es, nada será. Tan inconsistentes como la vida misma fueron sus últimos pensamientos, fugaz como su anhelo fue su ultimo movimiento. Un sorbo de aire y se lanzó hacía la cortina de luz... fue rápido, fue rápida, pero no lo suficiente, su cuerpo quedó inmovilizado entre la puerta y la pared, no tuvo la suerte de Indiana Jones, y mucho menos pudo rescatar el sombrero. El aire se le escapó de los pulmones, su cuerpo perdió la vida, y así, sólo de esta forma pudo salir por la puerta.

1 comentario:

Gabriel Torrelles dijo...

a mí también me aburre... ya no es miedo, sino asco... pero es triste extrañar lo que sabes que hace daño...