martes, diciembre 06, 2005

Ella volvió. Su relación había sido como una muerte lenta, a veces unos días más dolorosa que otros, y sabiendo siempre que llegaría el final.

Ella volvió, él lo supo solo con saber su mirada en su nuca, ella volvía por él.

Ella volvió, y se acercó a su oído, pronunciando la invitación más indecente que se había escuchado por largo rato por esas latitudes.

Ella volvió, y él recordó que ella tenía la habilidad de matarlo y revivirlo con la felación de dioses que le practicaba. La muy desvergonzada cuando sentía que sus soldados llegaban al final del túnel, se detenía y empezaba de nuevo, haciendo de la mamada una invitación a morirse entre sus dientes, y revivir de nuevo entre sus manos calientes.

Ella volvió y le ofreció de nuevo su boca como guarida, sus manos de guardianas y sus dientes lejanos. Él tembló al recordar sus senos redondos, en los que podía perderse más de una parte de su cuerpo. Su pene se endureció al recordar su boca compañera, y esas manos tiernas, que lo liberaban siempre de la mejor manera.

Él se marchó. Quería la boca sin habla, las manos sin puño, y las tetas sin ella.


La foto la saqué de erros de semantica

2 comentarios:

Lestat dijo...

Hola....me gusta tu forma de escribir. nuevamente te puedo decir que atrapas desde la primera linea.
besos.

Trapecista Antropófago dijo...

la petite morte...