lunes, enero 18, 2010

Hombre no deja mujer. Presidente no deja Venezuela.

La promesa de un país prospero que nos hicieron a finales de los 90, ha fallado rotundamente. Nos dieron un anillo brillante, nos dijeron cosas bonitas al oído, nos prometieron felicidad, amor, paz y prosperidad, que nuestros hijos irían a las mejores escuelas, que nunca nos faltaría nada. El respeto a la igualdad, a la libertad, y sobretodo, la promesa de avance social. Y el marido no cumplió.

Lejos de cumplir nos engaña con otras mujeres abiertamente, les compra plantas eléctricas, les hace dadivas generosas haciendo alarde de su gran poderío, y de su dineral. Luz para afuera, oscuridad para dentro. Nos golpea, nos humilla. No llega a la casa con comida, nos trae flores y palabras bonitas. No paga la luz de la casa, le echa la culpa al niño, al vecino prospero, a nosotros mismos por despilfarradores. Y Venezuela, que es una mujer bonita, se deja calentar la oreja. Pero nuestros hijos, esos jóvenes que buscan libertad, que no arrastran las culpas del pasado, que quieren ver a su madre feliz, que conocen el verdadero significado de libertad, se rebela contra el marido opresor, contra el marido que no dio respuestas, porque los jóvenes no escogieron al marido, no tienen la culpa de los exs, no tienen pasado más que para aprender de él, conocen la verdad, la gritan, la pelean, la luchan, y nadie puede callarles, así les corten la lengua. No se puede callar un sentimiento.

A uno le hacen hasta donde uno se deje. Así, yo veo las cosas claritas. Quien me dice que no?

Yo me quiero divorciar!