lunes, marzo 23, 2009

Antes de ser malditos.


Mal momento, mal lugar para enamorarse de indecentes, de irrespetuosos y faltaderespeto… y ella no pudo más que quedarse prendada.


-Lo odio, lo odio!!! Te juro que lo odio… por favor no me lleves, no me lleves!


-Vas a ir a su boda, los guiaras al altar, la besaras en la mejilla y le desearas buena suerte, con una sonrisa, con una sonrisa!!, que no note nadie que sufres, llora por dentro, ya sabrás bien manejarte… igual que tu madre.


Y fue a la boda, los guío al altar, deseo buena suerte, con una sonrisa, con una sonrisa, cuando se acercó a su mejilla para besarla no pudo mas de su boca salir que una maldición, a su destino, a su pasado, a su suerte, maldita suerte, a la envidia que la carcomía, a la piel lozana que rozaban sus labios, a su olor a flores, a su ojos, su pelo, su boca, su juventud, y su vientre que acunaría sus hijos, le había robado su futuro, su amor. Lo maldijo a él, por cobarde, porque sólo podía ser un cobarde, por sobretodas las maldiciones estaba la de ella misma, maldita, maldita, maldita, malditas ganas de seguir maldiciendo, malditas ganas de seguir queriendo, y así pronuncio: malditos ojala se mueran. Y así, en ese instante maldito tuvo la revelación que cambiaría su vida, el amor era una maldición que no podía repetirse, una condena perenne, un abismo infinito.


Ella se suicido y se dedicó a esperar la muerte de Ruth, se hizo su comadre, su amiga, su confidente, así pasó 30 años, rogándole a la muerte que la devolviera y se llevase a Ruth, pidiéndole noche tras noche que la apartara de él. Su suplicas se habían vuelto costumbre, se había convertido en un modo de vida, vivir para ver morir. Pero algo que nunca había pensado sucedió, Ángel deseaba estar con ella a pesar de la existencia de Ruth, la felicidad no cabía en su cuerpo así que se desbordaba por la mirada, la voz y la sonrisa, caminaba bailando, se burlaba de la muerte ineficiente y de lo tonta que había sido, de su cobardía y de todo el tiempo perdido, ya nada de eso importaba, todo quedaría atrás, con la facilidad de un chasquido.


Se había convertido en la otra, la infiel, había vuelto a ser la indecente que fue a los 15 cuando le conoció, pero ya no estaba su padre para separarlos, Ruth había dejado de ser maldita. Así vivieron 5 meses de romances furtivos hasta que un día se aburrieron de ser indecentes, se aburrieron de lo oscuro, a pesar de que su relación era en efecto un secreto a voces, en una época donde lo indecente se había convertido en lo común, y lo abominable en indecente ya no asombraba a nadie que un hombre dejara a su mujer por su mejor amiga. El descaro estaba de moda. Compraron un apartamento, una nevera azul, una cama blanca y sabanas de seda, era todo lo que necesitaban.


Pero Luz seguía siendo una maldita, ella misma había lanzando el conjuro que acabaría nuevamente con su vida. El ascensor no funcionaba, y en 15 segundos dejó de funcionar la nevera y Ángel también al caer por las escaleras del edificio de su nuevo apartamento. Degollado lo encontró Luz en el primer piso, su cuerpo bajo la nevera yacía azul igual que el objeto fulminante, y la torpeza de no haberse atado las trenzas. Ruth murió de un infarto una hora después al enterarse de la noticia. Luz, luz vivió, todavía vive, no le importa nadie y a nadie le importa, la peor forma de morir… de olvido. Una presencia inconsistente que no arrastra nada a su paso más que lástima.


“Luz maldita sigues viva… maldita muerte, maldita. Están juntos... sin mi"