lunes, abril 14, 2008

Supongo que no nací para escribir los versos memorables. Sencillamente no nací para eso.

La calle los abandonó. Los arrojó.
Como escupir saliva por el balcón.
¿o fue ella quien los recibió?
Ninguno de los tres supo.
Ni él. Ni él. Ni ella.
Negra olor asfalto. Azul en la cabeza.
Multicolor en el medio.
Y nadie podía describirla exactamente.
La calle los recibió.
A él, y a él.
Ella lo recibió.


No pretendamos estar callados, esperando que una canción sea nuestra voz. Que un libro nos entienda, que un poema le enamore. No, ¿para qué quedarse sentado esperando que nos liberen?, ¿a qué estamos atados? ¿Cuál es la cuerda?... palabras… sólo palabras… frases inconclusas… ideas en el aire… el teclado, los dedos, el silencio… la soledad. Punto .

Recomendación para hoy: debe haber algo más interesante que este blog. Besos.

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