martes, octubre 16, 2007

Dulce y tierno
preciso y fulminante
certero y sincero
calmado y constante

y te seguí besando.

Asunto: Disculpas a Mariale,
acabo de llegar a mi casa,
entre exámenes y trabajos no tuve chance,
pero créeme que me gustó la idea.

sábado, octubre 06, 2007

No Title

Dentro de la habitación los gritos se habían convertido en murmullos, y la luz en oscuridad. La fugaz esperanza de ser encontrada yacía a metros de distancia, ahogándose entre la excitación y la risa de la gente. La fiesta seguía afuera, adentro sólo murmullos y oscuridad, y una paz inocua que se desvanecía con los gritos de su mente, que cada vez se hacían más y más fuertes, tanto que lograron opacar la diversión que navegaba del otro lado de la puerta. Susana ya no era ella. Era un manojo de pensamientos suicidas y ansiedad, sin ninguna razón, sin ninguna lógica había abandonado la realidad, o quizá eran los ácidos surtiendo su efecto, pensó, pero pronto recordó que más allá de las drogas, y con la luz del día todo se desvanecía, todo menos los pensamientos y la ansiedad. No había lugar para ella en este mundo. Siempre se había sentido como la pieza que no encajaba, muy a pesar de las ganas de encajar, su mundo interior le exigía abandonarse, escaparse… “pero de qué?” Muchas preguntas sin ninguna respuesta complaciente la habían arrojado a un mundo fúnebre e infértil que bañaba todo lo que se encontraba en el exterior. No pudo consentirse libre, ni atrapada.

La fiesta había sido una de las mejores, Susana siempre fue una buena anfitriona. Mucho dinero y muchas ganas de gastarlo, ese era su secreto. La gente bailaba, las drogas parecían haberse convertido en un componente más del aire, y las risas fluían tanto que parecían crear un mar de sonidos impenetrables, sólo podías reírte, bailar y respirar. Nadie te exigía más nada. No le importabas a nadie, todos eran iguales, sumidos en sus propios mundos, en sus corazas de fe, en sus ganas de vivir para morir. Susana sólo era la anfitriona, dotaba el ambiente perfecto para que almas vacías se reunieran a olvidarse de ellas mismas y creerse partes de algo. Todos estaban invitados, absolutamente todos a los que no les molestara no ser molestados.

En el cuarto habitaban los seres de Susana. Ella corrió allí a encontrarse con ellos, aunque su compañía no siempre era placentera, eran de ella, y ella de ellos. Se acercó a la ventana, la luna llena, clara, una luz apacible le baño el rostro, una sonrisa se dibujó en sus labios, abrió los brazos como si fueran alas, y se arrojó al viento como si pudiese volar, por un instante se sintió feliz, quizá fue un vestigio de su niñez, y de verdad, creyó que era un ave. En el descenso se sintió aun más feliz, siempre había tenido ganas de hacerlo, ese final la seducía. Volar, volar por un momento, así fuese ese el precio de su vida. Esa noche estaba convencida de que su vida no valía más que ese precio, era más que justo morir por volar, perderse en el aire, desvanecerse en el viento antes de la colisión, después de todo hace miles de lunas que ella ya estaba muerta.