martes, enero 03, 2006

Bitácora…

Por Canelita (Asústate Valentina Quintero… aquí voy)

No sé como empezar este post. Podría empezar por la belleza de Choroní, podría empezar por la paz afable de Uraca, podría empezar por la mirada de Sofie, por la calidez de Vivi y de María, podría empezar por Rumi, y por supuesto podría empezar por Juliett. Podría empezar diciéndoles que una vez más alcance el nirvana, pero todo esto se queda corto, y se volvería largo a la vez.

Desde el malecón

Con cada comienzo tendría una historia diferente. Porque en este viaje no me llene solo de paz, me llene de energía positiva y de historias.

Mejor empiezo por el comienzo (que es lo más razonable).

Juliett y yo teníamos un viaje planeado a Choroní desde que conocimos Cuyagua, y por supuesto desde que se pego la canción que dice: “Yo mejor me voy, me largo de aquí, me van a encontrar, muerto en Choroní”. Nosotras tenemos algo de científicas y comprobar la letra de esa canción, más la cantidad ilógica de personas que nos hablaban mil maravillas de Choroní, diciéndonos que no tiene absolutamente nada que envidiarle a Cuyagua dieron en el punto para elevar nuestra afanosa curiosidad, aparte nosotras siempre fieles a Cuyagua, teníamos que ir a Choroní para volver y decirles: Bah Choroní no está en na`!

Las que no estábamos en na` éramos nosotras.

Eso de “mochileras” nos queda grande a Juliett y a mí. Nuestro equipaje fue, como de costumbre, dos bolsos no muy pesados, y la carpa infaltable e infalible. De comida llevábamos dos latas de “diablitos” como ocho rebanadas de pan integral con pasas (era el único que había en mi casa), galletas de soda, chocolates, cuatro manzanas y agua.

Dieho el bohemio iba a acompañarnos, él más que nadie nos había entusiasmado con la idea de ir a Choroní. Nos hablaba de una cabaña en una montaña de unos amigos de él, que era de ensueño. Pero a la hora de partir, no pudo irse con nosotras, y nos dejó con la esperanza de ir al día siguiente.

Lunes 26/12/05


Arrancamos al terminal, con el corazón en la boca, porque cada vez que vamos a un sitio diferente el corazón se nos asoma y se nos sienta en la lengua. Así íbamos, como un par de niñitas apunto de lanzarse a la piscina desde el trampolín más alto, tomadas de las manos, calladas y mirándonos a los ojos pensando que con nadie más podríamos hacer ese tipo de cosas, pensando que la locura se apodero una vez más de nosotras. (Sabemos que irse a Choroní en autobús no es una cosa del otro mundo, pero para nosotras “las niñas de la casa” es una aventura).

De Valencia a Maracay, hay como 45 minutos, más o menos de camino. De Maracay tomamos el autobús a Choroní, esos autobuses suelen ser los más fúnebres, lo más burlescos, son esos los autobuses que le crean mala fama a viajar en autobús, éste en particular ya parecía una caja sonora rodante, calurosa y con asientos para misses (por lo chiquitos que son). Los asientos estaban divididos en puestos para tres personas y puestos para dos personas, las opciones eran: una pareja de extranjeros (se les notaba a leguas el aire foráneo), y una señora gorda con mucho equipaje. A Juliett que no les gustan mucho los extranjeros, pues tienden a llevar olores bastante particulares, se decidió por la señora gorda con mucho equipaje, a mi, como me gusta interrogar a la gente y hablar con desconocidos, me pareció de mil maravillas sentarme con la parejita.

Emprendimos el viaje, y en algunos momentos, sobretodo cuando sus brazos se elevaban deseaba tener al lado a la señora gorda con mucho equipaje. No lograba descifrar su lenguaje, definitivamente eran europeos. Ya en el camino, el autobús de veras comenzaba asustarme, las curvas en el camino, no son para gente con un estomago delicado, como el mío, y sumado al olor de mis acompañantes, ya me sentía un poco enferma.

Parecía una gata apunto de ser lanzada al agua, aferrada al asiento, con los ojos cerrados, y tratando de concentrarme en no botar mi almuerzo por la boca. Una voz alegre, con un acento dulce me saco de mi estado pre-vomito y me dijo: “¿tienes miedo?”, sencillamente no pude resistirme a su voz, la miré y asentí con la cabeza, luego acote: “no es tanto el miedo porque nos caigamos por el barranco, es que también estoy algo mareada”. Ella me sonrió y me dijo: “si, esta gente nos hace perder el tiempo con este autobús dañado”. Paso un rato, y el viaje no mejoraba, el autobús parecía aferrarse a la carretera, parecía que se mantenía más por cuestiones fe del conductor, que por cuestiones automotrices. Yo, en uno de mis afanes insípidos por sonar graciosa le dije: “Bueno creo que si nos vamos caminando llegamos más rápido, y hasta quizás disfrutamos más el viaje”, ella que parecía estar esperando la invitación me dijo: “OK, dale, vamos a bajarnos, y podemos pedir cola”, luego lo miró a él y le dijo algo indescifrable para mi. Mire a Juliett y le dije: “Vamos a bajarnos”, ella me miró con cara de ponchada (la misma cara que pone cada vez que salgo con algún absurdo), pero sin decirme nada, nos bajamos. El conductor nos convenció de quedarnos, y nos dijo que ya no faltaba mucho.

Yo estaba en lo mío, hablando con extraños, ella me contó que venían de Noruega, que era la primera vez de él en Venezuela, pero que ella había vivido aquí hace algunos años, por eso manejaba tan bien el español, a pesar de que el pobre no entendía ni un pizca.

Ella era Sofía, o Sofie, como me corrigió el último día. Él, Rumi, el acuariano. Ella me cautivo desde la primera frase, él desde la primera sonrisa. Los invite a quedarse con nosotras en la cabaña de la que me hablaba Dieho, ellos nos invitaron a nosotras a cenar.

Sofie y Rumi en la Hamaca

Al llegar a Choroní, nos separamos, ellos fueron a su posada y acordamos encontrarnos más tarde en Playa Grande, donde nosotras montaríamos nuestra carpa. En el camino a la playa nos encontramos, nos sentamos hablar en la orilla mientras Rumi intentaba comunicarse con unos niños que tocaban una flauta, él saco una que se trajeron de Noruega justo antes de partir, el nombre de esa flauta de verdad no logre captarlo, muy difícil la pronunciación.

Rumi habla ingles, así que fue hora de sacar del closet mi ingles machucado y destartalado y tratar de que él me entendiera un poco.

Yo, en una de las calles del pueblo

Los cuatro fuimos a la plaza del pueblo a escuchar un grupo de parrandas, la gente de Choroní es increíble, todos tan amables, que te hacen dudar, a tal punto que no sabes si dudar de ellos o de ti. Al final, cuando consigo gente tan calida y tan chévere, decido dudar de mi misma, de mi poca fe, y de que ya definitivamente llevo mucho tiempo viviendo en Valencia.

Juliett impresionada

La noche se torno mágica y surreal cuando terminamos cenando en el techo de la posada a la luz de la luna y las velas, con comida vegetariana (porque ellos son vegetarianos), y con un toque de incienso que no podía faltar. Hablábamos de política, de música, de la gente, de Venezuela, de Noruega, de comida, del mundo, de ellos, de nosotras, hablamos y hablamos.

El surrealismo de la noche se elevó a un nivel inaudito cuando una familia de estadounidenses en la posada de al lado empezaron a cantar villancicos. Los aplaudimos desde el techo, mientras nos reíamos a carcajadas.

Luego de eso, conocimos a un alemán hospedado también en la posada, y el cual no podía quitarle los ojos de encima a Juliett. Su español era muy gracioso, “¿vosotras habéis venido antes acá?”, era muy gracioso, el pobre lo aprendió viendo antena 3, así que podíamos culparlo de nada, pero a la final el ingles fue el idioma elegido.

Juliett y yo en nuestra carpa a las 2 a.m no podíamos creernos lo bien que la habíamos pasado, no podíamos creernos los villancicos de los gringos, ni la cena, no podíamos creernos que nuestra carpa estuviera a salvo luego de abandonarla toda la noche, y mucho menos podíamos creernos el cielo inmenso y hermoso de Choroní.

Pasaje de Valencia a Maracay: 2000 Bs.
Pasaje de Maracay a Choroní: 5000 Bs.
Terminar jugando póquer mexicano con dos noruegos y un alemán… no tiene precio.

9 comentarios:

amaya dijo...

Vaya manera de acabar .
Besos.

juliett dijo...

que viaje mas espectacular y pensar q el cuento se queda corto!

Nelson dijo...

Hola,
que bonito relato el cual me gusto y me engancho desde el primer parrafo, nuevamente te felicito por el estulo que tienes para narrar, variando y contando anecdotas sin perderte del hilo y la trama.

Lo unico verdaderamente que no me gusto de todo este buen viaje es que no me invitaron.

Me alegra que cosas buenas te susedan y el gusto de leerte siempre es mio.

Con cariño

Nelson

Marlon el Polaco dijo...

...y con esto que van contando, a veces me pregunto por que nunca he ido a Choroni??? :(

KARAOKES EN SU PROPIO RITMO dijo...

LO MEJOR ES SALIR Y DESCUBRIR PUEBLOS Y GENTE NUEVA, TE INVITO A MI BLOG PARA QUE CONOZCAS MIS AVENTURAS AUNQUE CLARO SON BASTANTE SURREALISTAS.

Jack Frost dijo...

Jejejeje si...choroni es una maravilla. Bajarse en medio de la via? en la montaña?? ok, bastante descabellado -_- pero lo mejor son las playas....

Lo unico que realmente daña el lugar (aparte del viaje) es un infame lugar llamado el pescaito...
(es un sitio que esta via a la playa) es realmente infame y ahi encuentras cualquier fauna.

Pero cada vez que puedo, voy...asi sea solo.

Cuidate Canelita...

Bye

Sterling

RomRod dijo...

y yo que vivo cerca tengo añooooosss que no voy... a ver si me animo un día de estos... saludos!

SunriseTkila4Two dijo...

Hola Canela! Bueno, bueno, con que descubriste nuestro secreto! Choroni es un pedacito de paraiso! Mi mama solia decir que alla 'me enterraron un zapato' pues no habia carnaval, semana santa o vacacion de agosto que no estuviera alla metida! jejeje
Y que recuerdos tengo de su gente, calida, alegre y super-honesta, claro que si!
Hermoso post, amiga!
Saluditoss!

Efrén dijo...

Choroní es mágico, ahí fué donde mi esposa y yo nos enamoramos, hace 5 carnavales atrás, este año se cumplen seis, y cada vez que podemos ir para allá lo hacemos.

De hecho en estas navidades llevamos a mis padres para que lo conocieran y quedaron enamorados.

Saludos y Feliz Año!!