sábado, noviembre 26, 2005

Equilibrando la balanza

Todo iba normal, la típica noche, las típicas risas, las típicas mujeres, los típicos amigos, los típicos tragos. La tipicidad se había vuelto por un tiempo parte de mi vida, a veces quería escapar, porque me asusta lo cómodo que me siento con ella. Un amigo llama, dice que viene en camino, que lo espere en la entrada.

En la espera por un instante desprecie todo a mí alrededor, la misma historia noche tras noche, la misma patética existencia, las mismas caras, que asco de vida, pienso. Y como siempre, el destino fue cruel y pateo mi trasero con su enorme pie, con mi amigo venia ella. Ella que ha estado más presente desde que se fue.

Debía tener 3 años sin verla, en persona, porque su imagen maldita no dejó de acorralar mi mente ni un instante. Por un momento dudé de que fuese ella, como había pasado tantas veces, creía verla, pero resultaba ser solo una burla de ella, la que habita en mi mente.

Maldigo el aire que estuvo a su alrededor, maldigo la luz, la humedad, maldigo los años que la hicieron más hermosa. Su figura borro todo el ambiente, nublo mi mente en un instante. ¿Cómo podía verse más hermosa de lo que yo la recordaba?, y yo, me veía como el perro inmundo que nunca dejé de ser, aunque esa noche estaba más fúnebre de lo normal.

Es increíble como su piel parecía más tersa, sus pechos más voluptuosos, sus labios se habían vuelto más rojos y carnosos, toda ella era un exceso de provocación. Sus cabellos negros, ahora estaban más largos, lo llevaba lacio, sus ondas angelicales habían desaparecido, para tortura de mi alma, ahora parecía un híbrido exótico entre ángel y demonio. Y sus ojos, esos nocivos ojos verdes que nunca deje de ver, no se preocuparon en notar mi tétrica presencia.

La salude, pensando que se sorprendería al verme, no, ella no se sorprendió, su cara en ningún momento cambio, sus ojos no se inmutaron, ni siquiera tembló. Me miró como si no me viera. Mi amigo, que jamás creyó que nos conociéramos, nos presentó, no lo corregí en su error, solo por tocar su mano.

Ella caminaba como flotando por encima de todos nosotros. Una vez, cuando estuve a su lado, me creí el mortal más suertudo del planeta, solo cuando se fue, descubrí que mi suerte solo era un engaño para hundirme en el abismo de su partida.

Por fin logré estar a solas con ella, su olor a duraznos era el mismo veneno por el cual una vez casi pierdo la vida.

-Hola Sofía… (Porque tenia que llamarse Sofía)
-Hola, ésta fiesta es bien movida, no?
-¿Como has estado?
-Mmm muy bien…

En ese momento descubrí que no fingía, de verdad no me recordaba.

-Sofía, me has olvidado así, tan fácil
-Discúlpame, mi memoria es muy mala, ¿de donde nos conocemos?

Mi corazón se agrieto una vez más.

-Hace tres años, nos conocimos en un crucero
- Lo siento, no te recuerdo.

Con esas palabras mi muerte se volvió espiritual. No supe si de verdad me redujo a un compañero más, tan insignificante como el anterior. O si su crueldad era tan real y fría que prefirió fingir que no recordaba a quien alguna vez le regalo un orgasmo.


Alberto se separó de los mortales, y descendió lentamente a umbral de los muertos. De los que solo son cuerpos sin almas.

Sofía si lo recordaba, pero no tenia el valor para enfrentar ese demonio que era su presencia. A diferencia de él, ella olvido recordar. Alguna noche fría recordaba aquel rostro sin nombre que la hacia sentir mal consigo misma, pensaba en lo mal que habían resultado las cosas, pero nunca, ni en la noche más fría, se arrepintió de haber triturado su corazón. Ella sabía que todo en esta vidas se paga, por eso se había resignado a que aquel otro mortal acribillara su alma, solo para equilibrar las cosas.

Ahora Sofía era un papel en blanco, fue asesina y victima, verdugo y presa, ya todo estaba en equilibrio…bueno, casi todo, esa noche había movido un poco la balanza al pretender no conocer a Alberto. Decidió llamarlo, hablar con él, cerrar el círculo definitivamente. Pero debía pasar el tiempo necesario para tomar valor.

Dos meses después Sofía dejó de fingir.

3 comentarios:

Karl Andrews dijo...

Tu como que estas espiando en mi consciencia? porque a mi me paso algo extremadamente parecido, si no hubiese sido por lo del crucero...ya que lo mio fue en un viaje a Cancun...

Y mi final no fue tan excitante...

Me encanto tu blog!!!

Karl

Canela dijo...

Si estoy espiando en tu conciencia.... buajajaja.

Mercuriano dijo...

Guao, señorita, señorita, lo hace muy bien, realmente bien. La felicito. Ya me estoy volviendo adicto a sus historias....